Miraba, escrutaba el mundo. La marcha estaba en su apogeo, en su auge.
Pancartas, carteles se mimetizaban.con los rostros amanecidos.
Diez de la mañana.
La reyerta comienza antes de lo normal.
Los lienzos se mojan, corriéndose. Plasmando consignas en el pavimento.
Las manos se cubren de pintura, se destiñen los rostros.
Se van los compañeros.
Me miran a lo lejos, manco.
No hay nada qué hacer. Se alejan con sus caras descubiertas.
En el cielo, arcoiris de fuego asustan. Estelas caninas rabiosas, las hacen correr.
Y me dejan atrapado, escuchando la lata aguantar las arcaicas balas, mientras muestro el carné.
Y pensar que una subida de presión basta.
Unas papas fritas lisas.
Crenación.
Y con eso basta.
Con eso bastaría.
Extiendan la alfombra gris.
Mientras ruedo,
intentando quitarme los gatos negros de encima.
Lisis.
Tengo tatuado el olor a cigarro.
La rabia la descargué. Se fue con la voz que use para corear esa canción en japonés.
En medio del letargo, no sé ni que pensar ni hacer. Inmóvil.
Engordo, sentado. Mientras sigo con la vista al tiempo morado, golpeado; que se fuga.
El dolor de cabeza ya es por si insoportable. Aún más que en la mañana.
El chirrido también.
Hay una cita de Baudelaire que resumiría mi día. Pero basta de literatura. Aunque sea por un rato.
Ahora tan solo deseo darme cuenta, advertir por fin, que aún duermo.
Otro día ha comenzado, según dicen. No estoy seguro.
Aún no estoy preparado.
1
Aquel día me senté y le dije un cliché:
-hijo, la vida no es fácil.-
-¿Por qué no?
-Porque no, tan solo eso, la vida no es fácil, la vida se gana.
-¿Y cómo?
-Con dinero.
Dinero, dinero, dinero.
Nada más que dinero sonaba en mi mente, en mi cabeza. Chocaban contra mis dendritas. Sonando. Monedas. Dinero.
-Hijo... Seríamos felices con más dinero.-
-¿Papá?, ¿Me amas?
-No sé. Compréndelo, el dinero nos ofusca.-
Espero que no crezcas nunca.
2
Anochecer. Pijamas.
-Yo sé que papá está raro, pero debes tratar de comprenderlo. Como te dijo, el dinero nos está haciendo falta, así como vamos tendremos que vender los dos televisores, y quizás tu “Plei esteichón” –
-¿Por qué?-
-Cómo que ¿Por qué?, por falta de dinero.
Mira, para poder vivir se necesita dinero, para comprarte tus juegos, para pagar tu jardín, tus juguetes y para poder comer. -
-¿Por qué? –
-¿Por qué, qué?-
-¿Me quieres?-
-Ya, duérmete mejor… ¡Ah! y hoy no habrá cuento. –
Espero que no crezcas nunca.
3
Desnudos.
-¿Qué podemos hacer?-
-No sé-
-El niño no tiene donde quedarse, hoy la tía habló conmigo y dijo que la situación era insostenible.
-hmm. No sé.
-Yo mañana pretendo salir a buscar trabajo.
-¿Vayamos juntos? Nos tomamos un café, compramos el diario y nos repartimos los avisos. ¿Te parece?-
-Está bien, pero… ¿Y el niño?
-No creo que le afecte, ya sabes que cuando no va al jardín duerme hasta tarde, y aparte no creo que lleguemos más allá de a la hora de almuerzo.
-Tienes razón.
-¿Durmamos?
-Buenas noches. -
4
Quiéranme, como sea, pero quiéranme.
5
-¿Aníbal?-
-¿Dónde estás?-
-¡Apúrate! Vente corriendo al hospital. –
-Si, a ese. ¡Pero apúrate! -
-No es peor, apúrate, aquí te cuento.-
-Aníbal… Fue mi culpa.-
-¡No! ¡No puedo!-
-Ahh ya cállate, tan solo ven y apúrate.
Lágrimas telefónicas.
6
-Sí, somos nosotros.
-¿Cómo está?, ¿Qué le pasó?
-¿¡Qué!?
-Mierda… Pero ¿Está estable dentro de su gravedad?
-¡Pero cómo pudo pasar!
7
Fue mi culpa.
8
Fue mi culpa.
Última:
Nombre Completo: Manuel Andrés Bilbao Camit
Edad: 5 años
Fecha y Hora de ingreso: Lunes 17 de Agosto. 13:43 hrs.
Fecha y Hora de fallecimiento: Lunes 17 de agosto. 13:43 hrs.
Causa de Fallecimiento: Principio de Asfixia y posterior intoxicación debido a la ingesta de cuerpos extraños.
Luego de la autopsia, se descubren veinte y ocho monedas, de distintos tamaños, alojadas entre el estomago y el esófago del infante.
-------------
PD: sin "Cliente" de Juan Carlos Valladares, esto no hubiese sido elucubrado jamás.
PD: Si no actualizo no es porque no escriba, es simplemente porque no quiero que tales cosas vean la luz de cierta manera. Aparte son muy laaaargos para el formato "blog" xD
Sentada.
En casa me esperan. Hoy le celebraremos el cumpleaños al Andresito, y esto aún no anda. Tuve que dejar pasar una micro para poder irme sentada, así no rompo la torta.
Marco polarizado:
Providencia, Plaza Italia, vista al San Cristóbal, Arte alameda, Santa Lucía, Biblioteca nacional, Ahumada, Moneda… Oscuro.
-Señora… hemos llegado al paradero.
Salto.
Santiago. ¿Se han dado cuenta lo lindo que es?, recuerdo que fue en el paseo Ahumada donde lo conocí y que después comimos cerca de Plaza de armas. Días después fuimos al San Cristóbal, recorrimos el zoológico, y anduvimos en teleférico.
A la semana siguiente decidimos ir a Quinta normal, visitamos museos y la biblioteca. Cuando cumplimos el mes, fuimos a Providencia, y estuvimos conversando mientras bordeábamos el Mapocho.
Hace unos minutos fui al Forestal, tal como me habían dicho, ahí estaba. Acompañado.
-Señora, alcancé a agarrarla- dijo un señor amarillo
-¿Ah? ¿Qué pasó?
-Acaba de tratar de suicidarse.
El calor derrite las teclas, mientras los ojos, sudorosos, acarrean las silabas.
El tecleo se hace uniforme y hasta incluso algo ruidoso-.
Es tan solo un síntoma, un agravio que pica
una entrada, una advertencia mortal.
Se aproxima, si ¡Se viene!
Es algo inevitable.
Un troyano cancerigeno, que no da tregua.
Es el calor el que nos ahoga, y nos derrite
los ojos asiduos a las letras.
Truenan los botones, afuera llueve.
Creo que un pájaro aletea.
Junto con las teclas.
Afuera llueve, las líneas iluminan,
el día del pájaro,
el día del sonido.
Pájaro luminoso que cae, en picada.
Iluminado.
No nos dan tregua, todo sigue como en el principio.
Calor.
Necesitamos hielo, agua sabrosa y espesa.
De esa que se puede masticar,
de esa que viene en tarro.
Es desesperante, demasiado diría.
Es como un fuego, cenizas de un recuerdo.
Que magullan la piel, bronceándola.
Rasgándola.
Es una sala de internet en donde nada se aproxima a lo que debiera ser.
En donde los circuitos no fluyen, y el mar no se ve.
Abunda el amarrillo, sofocante y ahogador.
Cuídate.
Peligroso.
Aquí las nubes no corren,
el sol no las tuesta.
En esta ciudad, el acero no se corroe,
el óxido no me tiñe la piel.
Soledad, tristeza, abandono,
publicidad humanizada.
Entes vagabundos
exhibiéndose, reclaman
su puñado de bronce.
¡No son nada!
Mansiones indómitas,
fumadoras asiduas.
Cenizas latentes,
Humanidad enmohecida.
Inhalo pobreza,
Abortos económicos.
Respiro aire rancio,
ingiero comida putrefacta.
Esta es la ciudad
consumida por el consumismo.
Atestada de propagandas latentes,
que como virus cibernéticos,
formatean el pensamiento.
Grito en la calle,
habitación nómade,
canto enardecido,
el jingle de mi existencia.
Mis versos son como la caca,
sólido olor, café color.
Repugnantes, indigeribles,
al borde del vómito.
Un revoltijo de palabras,
Arrollao` huaso,
podrido.
Mis palabras son como la caca,
malolientes, secas,
yertas.
Jalea viscosa, moho de
hospital.
Con fuerza, ayudo,
mi ano pronto a dar a luz,
a estos hediondos versos,
a estas cálidas palabras,
que son como la caca.
Sus esquivas sinapsis hacían eco en mi corazón. Sabia que aquello era literalmente imposible, pero en este mundo, y con él, golpeándome salvajemente el cráneo, todo era posible.
Cuando creyó acabar conmigo, se alejo, por entre los tarros de basura. A lo lejos, su adusto carácter trataba de decirme algo.
Lo único que quedo de él fue su ensangrentada luma. En el piso, cerca de mis ojos, y sin honor, descansaba.
Frente a mí, un ser abominable, despreciable, monstruoso, casi bordeando lo inimaginable.
Le dije hola, él me miro y me respondió.
Recién ahí supe que, aquel hueso de pollo, había cumplido su cometido.
*******
Subiré un par de weas.. ver tantos blogs con escritos me enfluenció. ò_o